sábado, 20 de junio de 2009

La protagonista siempre es fuerte, claro, tiene sus debilidades para hacerte sentir identificada con ella, pero ¿Cómo? Si cada defecto que tiene, la hace aún más perfecta. Por qué la perfección siempre la invade, por que cuando es necesario, su inseguridad se transforma en lo opuesto. ¿Pero, por qué mi inseguridad sigue siendo inseguridad sea el momento que sea? Ella sonríe y te dice que nunca te des por vencido. Pero no es tan fácil. No, es todo lo contrario. Y gastas tu tiempo pensando el dulce mensaje que trata darte, ¿Pero, es que no te das cuenta que es pura ficción? Por que es irreal, por que tiene un final rosa. Y eso no existe, aunque intentes de convencerte y mantener las esperanzas, terminas resignándote. Entonces notas que terminas como muchos en esa dulce irrealidad. Derrotados. Después de todo, tiene su porción verdadera. Esa porción en las que cuales muchos se caen. Por qué tú eres de los que caen, no eres la protagonista. En ese momento, te rindes. Hay tienes veracidad. Demasiada para tu gusto.