martes, 23 de junio de 2009

Ella sólo puede hacer garabatos desordenados en la hoja, ya que le resulta más interesante que hacer alguna otra cosa. Tampoco desea escuchar los regaños que la rodean, así que se infiltra en su mundo privado, donde nadie puede molestarla.
La brisa cálida hace mover sus cabellos en una danza desconocida, posicionando algunos de sus mechones en su rostro, pero no se preocupa por ello. Sólo sigue moviendo el lápiz, haciendo símbolos indescifrables. No le perturba las miradas preocupadas que se encuentran sobre su piel y sobre su dibujo. No le importa que los demás no le vean significado a su acto, no le afecta que le griten intentando de llamar su atención. Ella se encontraba en un universo paralelo al de los demás, y no tiene ningún interés por volver a la realidad. Sólo se interna en su mente, se encarcela; sin importarte los otros, ni sus preocupaciones. Sólo sigue con sus ojos negros fijos en su hoja. Ojos color negro, carentes de emociones; o quizá tan oscuros, que con sombra las cubren. Pero tampoco se molestaba en pensar en ello. Sólo seguía con su dibujo. En su galaxia, sin que nadie pudiera adentrarse en ella.